Contrato

Perforamos sus condiciones y rompimos el contrato que nos hicieron firmar. Adelantamos a los ciegos de fe y convencimos a los que nunca imaginaron nada.

Corrimos toda la noche escapando de la muerte y bailamos cuando la vida dejó de interpretar su balada para ponerse a tocar la canción que compusimos desnudos secreto a secreto.

Creímos poder. Quisimos luchar. Soportamos caer. Experimentamos más y mejor. Cometimos más de un error. Recordamos el dolor y nos cazó la tempestad.

Tocamos el cielo y bordamos nuestras iniciales en las nubes al amanecer.  Borrachos de amor salimos de nuestro escondite cuando la tormenta apaciguó para bañarnos en la realidad que dibujaron las historias que nos contaron.

Niño

La brecha abierta y el corazón a mil. Tiene miedo, pero lo domina. La rabia se apodera de su inocente acción y su orgullo le vence el pulso al temor. Se levanta y avanza con fuego en su mirada. Sus ojos devoran su futuro y el futuro no se olvidará de ellos.

Su bravura y su determinación son incomparables. Incluso cuando su cuerpo cede su alma sigue adelante. Ni Dios podría detener su voluntad.

Construido entre oro y platino, forjado entre fango y dolor.

Viajero

En la nieve pierde de vista a sus semejantes. Camina sobre blanco mientras piensa en negro. Trasciende a la fatalidad de sus pensamientos y en sus actos cotidianos encuentra su espíritu animal, el más puro y verdadero. 

Coetáneo de ilustres nombres de la historia prefiere ser un desconocido en medio de la nada que no alcanza a comprender. La inmensidad calma sus pesadillas al dormir y al despertar prosigue sin temor hacia el abismo que existe entre su vida y la idea de vivir en sí misma.

Hombre de pocas palabras, ve sus pisadas desaparecer. En el devenir del mundo que conoce no hay sitio para los cambios que él propone. Es un viajero al alba de un nuevo día que sus ojos no pueden ver. El destino es la excusa de un sueño que mantiene la esperanza.

Desde el primer plano

Graba todo con su cámara. Las nubes teñidas de color rosa por un cielo que cierra los ojos tímidamente, las hojas que se dejan llevar por el viento, cada tono discordante que se rebela, el movimiento del mundo por sutil que pretenda ser, la poesía que dibujan los pájaros que regresan al nido antes de clausurar la función… Todo queda registrado mientras recuerda la mañana en la que despertará. El amanecer que seguirá a la noche que está a punto de vivir. La noche que sin ser grabada será recordada. Se acuerda de todo aunque todavía no haya ocurrido. Pues todo es tan intenso que no le hace falta. Desde el primer plano hasta el último.

Farsante

Soy capitán de un barco encallado que quiere hacerse a la mar. Volver a surcar los océanos que ya conoce y no quiere olvidar. Un viejo cuentacuentos que ya no hace más que beber. Un don nadie. Un farsante.

Noche tras noche, error tras error vuelvo a estar aquí delante. Paralizado ante la hoja en blanco. A punto de romperme. Despertando dentro de mí. Ausente del ruido que me marea. Embaucado por la ambigua esperanza de volver a escribir algo que merezca la pena. Por grabar en tinta lo que me da miedo gritar mientras me ahogo en silencio.

Esa idea que construimos

No quedaba otra cosa que nostalgia y una idea infantil rota por el tiempo y el ritmo al que fue sometida. Sujeta a la misma vida que creó la historia en la que se encerró. Una idea que se cae a pedazos mientras la risa inunda la mesa en la que compartimos lo que pudo ser y nunca será. Lo que nos espera a todos cuando encontremos la oportunidad de salir de aquí. De esa idea que construimos y que el mundo olvidará cuando ya no estemos.

Verano

Nosotros, que pretendíamos escapar de las mañanas insípidas, abrazamos las noches irreverentes. Cerca de la carretera y con lo salvaje por descubrir. Profundamente honestos con nuestros instintos. Despellejando nuestros sentimientos. Sin piedad y ante un altar sostenido por latas de cerveza y botellas de ginebra. Lejos de ese viento del norte y con la luna en el horizonte. En medio de una nada muy llena. Ocupada por nuestros vacíos. Por los espacios que quedaron en nosotros al conocer la pérdida de un ser querido. Tan distintos, pero con un denominador común: una desesperada huida hacia delante para dejar el pasado atrás. A bordo de un buque fantasma en el que no íbamos a hundirnos. Con un recorrido fascinante ante nuestros ojos. Los tuyos azules. Los míos tan oscuros. Repletos de ilusión por el mañana y empapados en sudor al sentir el calor de nuestros cuerpos tan cerca del deseo. Viviendo tan próximos al límite que el miedo parecía una fantasía. Derribando una muralla tras otra hasta alcanzar el mar del sur y bailar pegados a la orilla un 13 de Julio. Teníamos una segunda oportunidad y nos sentíamos inmensamente agradecidos por ella. Nunca habíamos sido tan libres. Nunca nadie nos había visto tan felices como en aquella carretera. Con todo el verano por delante y la casualidad de habernos conocido como punto de partida.

Maletas

Las plazas de Madrid ya no se veían igual sin ti.

Nada se veía tan bonito. Yo no me quería lo suficiente.

No allí donde todo me recordaba a ti.

Necesitaba huir.

Lo necesitaba y no me lo pensé dos veces al subir al avión.

Nunca unas maletas pesaron tan poco. Nunca un drama tuvo menos lágrimas.

Atrás no quedaba nada por lo que luchar. Más que nada, no quedaba nadie.

No escuché más que los motores al despegar, miré por la ventanilla y dije adiós en bajito, para no molestar.

Aislado

Aislado allá donde el sol se viste entre rejas,

donde el tiempo se cuenta en meses perdidos,

donde pasan los años sin que la vida siga,

aislado allá donde el anhelo de (ti) me hace soñar con(tigo),

aislado en ese lugar al que no pudiste entrar y del que no sé salir.