Verano

Nosotros, que pretendíamos escapar de las mañanas insípidas, abrazamos las noches irreverentes. Cerca de la carretera y con lo salvaje por descubrir. Profundamente honestos con nuestros instintos. Despellejando nuestros sentimientos. Sin piedad y ante un altar sostenido por latas de cerveza y botellas de ginebra. Lejos de ese viento del norte y con la luna en el horizonte. En medio de una nada muy llena. Ocupada por nuestros vacíos. Por los espacios que quedaron en nosotros al conocer la pérdida de un ser querido. Tan distintos, pero con un denominador común: una desesperada huida hacia delante para dejar el pasado atrás. A bordo de un buque fantasma en el que no íbamos a hundirnos. Con un recorrido fascinante ante nuestros ojos. Los tuyos azules. Los míos tan oscuros. Repletos de ilusión por el mañana y empapados en sudor al sentir el calor de nuestros cuerpos tan cerca del deseo. Viviendo tan próximos al límite que el miedo parecía una fantasía. Derribando una muralla tras otra hasta alcanzar el mar del sur y bailar pegados a la orilla un 13 de Julio. Teníamos una segunda oportunidad y nos sentíamos inmensamente agradecidos por ella. Nunca habíamos sido tan libres. Nunca nadie nos había visto tan felices como en aquella carretera. Con todo el verano por delante y la casualidad de habernos conocido como punto de partida.

Maletas

Las plazas de Madrid ya no se veían igual sin ti.

Nada se veía tan bonito. Yo no me quería lo suficiente.

No allí donde todo me recordaba a ti.

Necesitaba huir.

Lo necesitaba y no me lo pensé dos veces al subir al avión.

Nunca unas maletas pesaron tan poco. Nunca un drama tuvo menos lágrimas.

Atrás no quedaba nada por lo que luchar. Más que nada, no quedaba nadie.

No escuché más que los motores al despegar, miré por la ventanilla y dije adiós en bajito, para no molestar.

Aislado

Aislado allá donde el sol se viste entre rejas,

donde el tiempo se cuenta en meses perdidos,

donde pasan los años sin que la vida siga,

aislado allá donde el anhelo de (ti) me hace soñar con(tigo),

aislado en ese lugar al que no pudiste entrar y del que no sé salir.