Verano

Nosotros, que pretendíamos escapar de las mañanas insípidas, abrazamos las noches irreverentes. Cerca de la carretera y con lo salvaje por descubrir. Profundamente honestos con nuestros instintos. Despellejando nuestros sentimientos. Sin piedad y ante un altar sostenido por latas de cerveza y botellas de ginebra. Lejos de ese viento del norte y con la luna en el horizonte. En medio de una nada muy llena. Ocupada por nuestros vacíos. Por los espacios que quedaron en nosotros al conocer la pérdida de un ser querido. Tan distintos, pero con un denominador común: una desesperada huida hacia delante para dejar el pasado atrás. A bordo de un buque fantasma en el que no íbamos a hundirnos. Con un recorrido fascinante ante nuestros ojos. Los tuyos azules. Los míos tan oscuros. Repletos de ilusión por el mañana y empapados en sudor al sentir el calor de nuestros cuerpos tan cerca del deseo. Viviendo tan próximos al límite que el miedo parecía una fantasía. Derribando una muralla tras otra hasta alcanzar el mar del sur y bailar pegados a la orilla un 13 de Julio. Teníamos una segunda oportunidad y nos sentíamos inmensamente agradecidos por ella. Nunca habíamos sido tan libres. Nunca nadie nos había visto tan felices como en aquella carretera. Con todo el verano por delante y la casualidad de habernos conocido como punto de partida.