¿Qué pasará cuando el coronavirus alcance los campos de refugiados?

No estamos hablando lo suficiente de los campos de refugiados estos días. Si el coronavirus ha sido capaz de poner en jaque a países como China, Corea del Sur, Italia o España, y poco a poco alterar todo el panorama mundial, por mucho que algunos todavía se nieguen a reconocer el problema o sigan haciendo caso omiso a los consejos de expertos como el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, ¿qué pasará cuando el coronavirus alcance los campos de refugiados? ¿Hay algún tipo de plan o respuesta para el momento en el que el COVID-19 llegue a estos campos de refugiados?

PODCAST – UNOS MINUTOS CON PEDRO (01)

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Hermanos de sangre

Javier Ortega Smith expuso en su cuenta personal de Twitter un texto en el que dejaba claro su ‘patriotismo’ y también su racismo. Todo acompañado de un montaje, bastante cutre, en el que podíamos ver al diputado de VOX en varias labores de su vida cotidiana. Hasta ahí, sin problemas. Nada que nos sorprendiese a la mayoría de los españoles. Algún despistado quizás, pero poca cosa.

Pero Javier fue más allá y utilizó la famosa canción de Loquillo, ‘Hermanos de Sangre’, para amenizar la película que se había montado.

Cuando vi el vídeo no me lo podía creer. Estaba enfadado. Quería ir y decirle cuatro cosas bien dichas al señor Ortega, pero vaya, el coronavirus no me dejó. Frustrado cerré la puerta de mi cuarto. No podía parar de pensar en Loquillo diciendo: ‘Pero Javier, ¿por qué me haces esto Javier? Ya verás el berenjenal…’ Todo esto con su voz ronca y fuerte.

Y el culebrón siguió. Al día siguiente de la publicación del vídeo, Loquillo sacó un comunicado en su cuenta de Twitter para dejar claro que no había autorizado a nadie la utilización de su repertorio musical para usos partidistas. ¡Hasta ese punto habíamos llegado!

Pero no te preocupes Loquillo. Yo me acordaré de ti al escucharla. Puede que alguna vez me vuelva el recuerdo del señor Ortega Smith entrenando sus abdominales, pero prometo que la mayor parte del tiempo intentaré tararear ‘yo seré tu hermano de sangre y tu refugio en el infierno’ sin remordimiento.

Nuestro himno es este aplauso

22:00 h. del 14 de marzo de 2020. España se une para salir a los balcones y aplaudir a los sanitarios y sanitarias (e incluiría a todos los trabajadores de hospitales, farmacias y supermercados) que trabajan estos días para frenar el avance del coronavirus. 

Ellos y ellas son nuestro orgullo. Nuestro himno es este aplauso sin banderas ni más símbolos que el de un pueblo que sabe lo que importa y deberá acordarse de ello cuando todo pase.

No más recortes. No más excusas para no alimentar el orgullo de todo un país. Pues el pueblo español es un aplauso, una mano amiga al que lo necesita, un refugio para el que huye del horror. El pueblo español no es uno, son muchos y este aplauso es el que nos une.

Idiota

Todo gira a tanta velocidad a su alrededor que pierde el sentido entre tanto común

No distingue bien sus emociones jugando a la ruleta rusa con ellas

Solo una brilla con claridad, pero tiene miedo y la oculta entre sus sombras

No quiere arrastrar a nadie más a la tormenta en la que se ha convertido su vida

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Nervioso

Escribo desde hace mucho tiempo en la misma esquina. El mar ya no me ilumina con su mirada inquieta, pero esta noche vuelvo a sentirme ligero. Sin rumbo fijo sueño, seriamente, con el futuro. Lo hago por primera vez desde hace meses y eso me libera, hasta cierto punto, de la carga de un pasado que sigue ahí.

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La Bella y la Bestia

El tiempo y la vida. Dos palabras ligadas para siempre. Unas agujas que marcan el devenir de un reloj finito e infinito a la vez. Que contradicción tan efímera y duradera al mismo tiempo. Tan bella y tan bestia. Tan real e injusta como el tiempo y la vida. Una relación forzada e irrompible.

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Humanidad a la deriva

Aquella noche me levanté sin levantarme. La luna estaba clavada en el firmamento, inmóvil, esperando que la cama me apartase de sus sábanas. El mar nos rodeaba y nos intentaba engullir con olas de tres metros, por lo menos. Sus fieles soldados, con grandes tiburones blancos al mando, esperaban un posible festín. El paraíso todavía quedaba lejos, pero la muerte aguardaba detrás de cada embestida de un océano indecoroso. El infierno nos había atrapado antes de lo previsto.

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