Qué bonito es el ciclismo cuando no tiene dueño

Qué bonito es el ciclismo cuando no tiene dueño, cuando se desmelena y tira para adelante sin que nadie pueda controlarlo. Se nos había olvidado ese punto de locura en los últimos años, siempre con excepciones, pero en 2020, tras la victoria de Pogacar ante Roglic y el súper equipo Jumbo, parece que se ha roto definitivamente todo acuerdo del ciclismo con los equipos dominadores. Las exhibiciones de poder a base de fuerza bruta y compacta de entidades preparadas para secar a cualquier osado con piernas se han quedado al margen este año, incluso los favoritos están viviendo un curso extraño, y si no que le pregunten al Giro.

En el Tour vimos una de las mayores hazañas de los últimos años a manos de un jovencísimo esloveno, y ni un mes después estamos viendo como la gran vuelta italiana, en su edición 103, no conoce dueño ni posibles. Todos y cada uno de los que estaban en las quinielas han desaparecido. Geraint Thomas, Simon Yates, Steven Kruijswijk… Todos ellos abandonaron. Jakob Fuglsang y Vincenzo Nibali apenas tienen opciones de darle la vuelta a la tortilla, y en medio de todo esto nos hemos encontrado, a falta de cuatro días para terminar, sin un favorito claro y con una de las etapas más bonitas, dinámicas y entretenidas de los últimos años.

Con el Stelvio como plato fuerte y la Torri di Freale como postre en alto, los más fuertes y valientes se han dejado la vida para llegar a las últimas tres etapas del Giro cómo posibles candidatos. Ha sido una lucha sin cuartel que nos ha dejado a Jai Hindley cómo ganador de la etapa. Ni los 207 kilómetros ni Tao Geoghegan Hart (segundo) han podido con él. Su mayor rival ha sido el chubasquero con el que se las ha tenido en el último tramo del Stelvio.

Ahora, gracias a las diferencias establecidas en meta, la victoria final del Giro de Italia 2020 queda en vilo a falta de una etapa llana, una de montaña y la crono final.

Kelderman manda y se vestirá de rosa, pero tiene a su compañero de equipo, Jai Hindley, a 12 segundos, y a Tao, el británico de Ineos, a 15 segundos. Pello Bilbao, el mejor español en la general, marcha cuarto a 1 minuto y 19 segundos, con lo que todavía puede asaltar una de las tres primeras posiciones.

La carrera está abierta para que uno de estos cuatro hombres se la quede, o incluso algún otro que tenga piernas y corazón suficientes como para probarlo desde lejos el sábado. Tal y como está el Giro, ninguna opción es descartable. El ciclismo es más bonito cuando no tiene dueño y este 2020 nos lo está recordando a cada momento.

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