Historias de la cuarentena

Estaba tirado en la cama contemplando las humedades del techo de mi habitación cuando decidí ponerme delante del ordenador a escribir.  

Contar mis derrotas al mus online no parecía muy interesante, tampoco hablar de las 200 horas que tardo en decidirme entre todas las series y películas que ofrece Netflix. No tenía ideas hasta que pensé en dar voz a aquellas personas que están aportando su granito de arena en estos momentos tan difíciles.

MARÍA JOSÉ SÁNCHEZ (PROPIETARIA Y AUTÓNOMA)

La primera persona que me atendió vía telefónica fue María José Sánchez, propietaria de dos tiendas de zapatos en el barrio madrileño de Moratalaz (Calle de la Marroquina y Calle Arroyo de las Pilillas,), casera de dos inquilinos en la capital y dueña de tres locales comerciales repartidos por la Comunidad de Madrid.

Con el negocio parado y recluida en casa como el resto de los españoles, María José decidió tomar medidas al poco de comenzar la cuarentena. En cuanto fue consciente de la situación, una de las primeras cosas que hizo fue llamar a sus inquilinos para informarles de su intención de no cobrarles el mes de marzo.

‘¿Cómo lo íbamos a cobrar?’, dice María José. ‘Todos vamos a perder. Ya veremos el mes que viene’, recalca la propietaria. De sus dos inquilinos, uno se ha quedado sin empleo, pero el otro le ha dicho que continúa trabajando así que podrá pagar. Ella, en todo caso, le ofreció la oportunidad de no hacerlo.

‘Luego tenemos un local alquilado y ya le he llamado al chico y le he dicho que no sufra, que si no puede pagar no pague. Por fortuna, nosotras no nos vamos a morir de hambre’, explica María José.

En todo caso, María José también ha visto sus ingresos detenidos con la cuarentena. Ella y su hermana comparten un negocio de zapatería. ‘Tengo mucho miedo por mi negocio, pero ya iremos viendo. Habrá que ayudarse en lo que se pueda’, dice. ‘Los dependientes van a cobrar normal este mes (marzo), y luego con la ayuda que nos llegue pues ya haremos cuentas. Hablé con mi hermana y hablamos de pagar todos los sueldos, lo que tenemos pensado es anular los pedidos que se puedan’, explica, y es que la crisis económica que se avecina va a afectar a casi todos los negocios.

En todo caso, María José espera que la gente se acuerde de las tiendas y pequeños negocios de los barrios cuando todo vuelva a la normalidad. ‘Me gustaría que la gente pensase un poco en el pequeño negocio y se dejará de Internet y comprará en las tiendas pequeñas’, comenta. ‘Cuando nos dejen abrir lo haremos, pero con medidas. Guantes, mascarillas, alcohol desinfectante… No podemos abrir y dar, otra vez, un paso atrás’, añade para dejar claro que, aunque puedan volver a abrir en mayo o junio, todo será muy diferente durante un tiempo.

Nuestra forma de vivir puede que cambie, pero lo que está claro que no va a cambiar tras esta situación es la forma de afrontar los problemas de María José y su preocupación por aquellos que la rodean. ‘A mí lo que más preocupaba era que estos chavales tuvieran el problema añadido de no poder pagar y que no pudieran dormir por esto. Llamarles fue lo primero que hice’, explica de nuevo.

MARÍA DE JESÚS MARMOLEJO (TERAPEUTA Y ARTISTA) –

La siguiente persona que me atendió fue María de Jesús Marmolejo, también conocida como ‘Flor del Trópico’, su nombre artístico. María de Jesús es mexicana, pero vive en Sevilla (Cazalla de la Sierra), donde sale todas las tardes, a las 8, al balcón para aplaudir junto al resto de España, solo que en su caso pone música, da los anuncios del día, los decretos del gobierno, noticias, incluso hay gente que la pide que mande saludos a sus familias.

María de Jesús es artista, pero también terapeuta, por lo que está apoyando con sus conocimientos a todo aquel que necesite de su ayuda estos días tan difíciles. ‘Tengo gente en México que me llama, así que, en cierta medida, ya había usado este tipo de terapias online’, explica cuando hablamos del uso que le está dando a las redes sociales para intentar ayudar a la gente que la necesita estos días.

‘Hay mucha ansiedad, pero sobre todo la gente que está sola. Hay personas que ya son mayores y no tienen familia, y esas personas son las que peor lo están pasando’, comenta. ‘Algunos tenemos con quien hablar, pero estas personas no tienen a quien llamar’, recalca antes de añadir que hay mucha ansiedad en nuestra sociedad. Mucha gente tiene problemas emocionales o traumas.

Igual que María José, María de Jesús también cree que esta situación va a provocar un cambio en nuestras vidas. ‘Va a ser un antes y después. Yo te lo digo porque ya lo he vivido, por ejemplo, con el terremoto en México de 2017. El civismo que apareció se ha mantenido’, explica.

‘En México, con todo lo que está pasando, tienen más miedo a lo que dicen allí ‘la pandemia del hambre’, pensando en cómo les va a afectar’, comenta acerca de la situación actual en su país.

JORGE GARCÍA (ESTUDIANTE, ACTOR Y TRABAJADOR EN UN SUPERMERCADO)

Por último, al otro lado de la línea telefónica responde Jorge García, estudiante de arte dramático (aunque con su experiencia ya podría considerarse actor) y de diseño y desarrollo de videojuegos.

‘La verdad es que cuando explotó todo esto yo tenía un poco de incredulidad. Como muchos, pensaba que las medidas estaban siendo exageradas y mi primera reacción fue el rechazo y la ira. Tenía proyectos en marcha y todo se había paralizado. Pasé un par de días desanimado, intentando informarme y comprender la situación. Y entonces empecé a ver la gravedad del problema’, explica.

Sin embargo, tras un primer momento de incredulidad, como el mismo dice y como seguramente les sucedió a muchas otras personas, Jorge decidió pasar a la acción para ayudar, en este caso trabajando para uno de los supermercados de la cadena UNIDE. “Supongo que, en una situación como esta, cualquiera que tenga la oportunidad de ayudar a la causa lo haría sin pensarlo dos veces”, añade.

Jorge ha tenido que aprender su nuevo oficio de manera exprés, pues así lo requería el momento. “Es una situación bastante inestable. Hay momentos en los que no entran clientes y otros en los que llegan 20 de golpe y hay que empezar a controlar las secciones, se forman colas… A veces coincide con la llegada de suministros y entonces es un caos. Otras, por contra, podemos tener una hora calmada y de pronto estar cada uno de los empleados a 3 cosas a la vez. Más de una vez me toca controlar aforo, desinfectar y cobrar al mismo tiempo”, explica Jorge cuando le pregunto por la situación en el supermercado. Y es que todos sus empleados se están dejando la piel para poder atender a los clientes.

A pesar de ello, uno de los grandes problemas de estos días en el supermercado es la falta de personal. “Si algún empleado tiene conocidos contagiados, les dan la baja y tienen que quedarse en casa. Y además es complicado encontrar a gente para contratar en estos momentos”, comenta.

Y a eso hay que sumarle las circunstancias personales de los empleados. Su esfuerzo está siendo encomiable, y es que, como el propio Jorge me cuenta, algunos han perdido seres queridos a causa del coronavirus. “Los trabajadores son conscientes de que se encuentran en una posición arriesgada. Aunque más que por ellos mismos, están preocupados por sus familias”, dice.

Las condiciones de trabajo, como pueden comprobar, les han obligado a tomar medidas en el aspecto de la seguridad. En algunos casos, han actuado de manera clara y única, pero en otros han tenido que aprender según evolucionaba la pandemia. “Todos los empleados llevamos guantes y mascarillas, aunque fueron difíciles de conseguir. No hay mucho abastecimiento de estos productos y, además, se ha especulado mucho con ellos y los están proporcionando a un precio muy elevado”, comenta un Jorge que se muestra muy concienciado con el tema de la higiene.

“Se han instalado unas mamparas de metacrilato delante de las cajas para reducir el contacto directo entre el cliente y la persona que le está cobrando. Estamos recomendando pagar con tarjeta. Si el cliente decide pagar en metálico, se hace a través de unas bandejas para evitar el contacto de las manos. Tenemos marcas por todo el supermercado que los clientes deben seguir para facilitar que se respete la distancia de seguridad. También una persona en la puerta que se encarga de la seguridad”, dice Jorge enumerando una serie de medidas instaladas en estos días de crisis. De hecho, el encargado de la seguridad en la puerta suele ser el propio Jorge. “Me encargo de que todos los clientes que entran cumplan los protocolos de seguridad, asegurándome de que estén desinfectados y ofreciéndoles guantes.”, explica.

En cuanto a los productos, Jorge confirma que el abastecimiento no es una preocupación. Todo va bien en ese aspecto, aunque aprovecha para hablarme de los productos más cotizados, y entre ellos no cita el papel higiénico. “El pan de molde se suele agotar rápidamente, aunque es repuesto a la misma velocidad. Suponemos que la gente lo compra porque es un pan que aguanta más y así evitan bajar todos los días. Lo mismo ocurre con la harina y la gente que hace el pan en casa aprovechando el tiempo libre. Las lejías o el Sanytol son de las cosas más demandadas, junto a los guantes, por su uso desinfectante”, señala.

Como muchos imaginarán, Jorge vive situaciones en su trabajo solo entendibles por el momento tan delicado que atraviesa nuestro país, aunque, por lo general, la actitud de los clientes está siendo muy buena. “Por lo general, la gente sigue las indicaciones sin poner problemas. No tienen inconveniente en esperar su turno para entrar en la tienda, ni siquiera si empieza a llover. A veces, se ceden ellos mismos su turno. La gente ha ido asumiendo y aceptando la situación”, comenta.

No obstante, como decía anteriormente, Jorge y sus compañeros también han tenido que lidiar con situaciones ciertamente surrealistas. “El premio a la anécdota más curiosa se lo lleva el cliente, que vi por las cámaras de seguridad, vestido con un traje NBQ amarillo, como el que aparece en la serie Breaking Bad”, dice.

En todo caso, la mayoría de las personas, como comentaba anteriormente, están manejando con compresión y aceptación la situación tan excepcional que nos ha tocado vivir y que, esperemos, termine cuanto antes.

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