Descubre a Lucía Rodríguez, la canterana del Real Canoe que brilla en Liga Femenina 2

La joven jugadora de la capital española afronta su segunda temporada en Liga Femenina 2, siendo una de las más destacadas del campeonato

La calle del pez volador despierta tranquila, sin más ruido que el chapoteo en las piscinas del histórico club del Real Canoe. El agua se observa clara, y solo el bote de un balón, a lo lejos, enturbia el sonido de su bailoteo. Lucía Rodríguez, jugadora del equipo de Liga Femenina 2, espera a los pies de una cancha emblemática en la Comunidad de Madrid.

Desde el primer momento, Lucía transmite tranquilidad y cercanía. Es una persona reservada, pero que se abre según pasan los minutos de charla. Su simpatía es contagiosa y, por momentos, la entrevista se convierte más en una conversación donde uno aprende algo más del baloncesto. No obstante, todas las preguntas formuladas para conocer mejor a una de las sensaciones del baloncesto español en la segunda división femenina tienen respuesta.

Lucía es del año 1999, es decir, se encuentra en la barrera de los 20 (recién cumplidos). No es habitual ver destacar a jugadoras tan jóvenes en una liga tan física y complicada, pero Lucía parece tener una madurez y, por encima de todo, un talento precoz destacado. Desde el día en que cruzó las puertas del Real Canoe muchos sabían que su historia iría creciendo sin parar.

Son 186 centímetros de estatura y muchos más en experiencias vividas entre esos muros desgastados por el tiempo.

“Juego desde que estaba en infantil. Mi hermano jugaba, mi madre también y terminaron por convencerme. Cuando pasé a primero de la ESO, que pasas de mini a infantil, a canasta grande, mi madre estuvo mirando para apuntarme a un club. Se notaba que se me daba bien. Jugaba contra colegios y destacaba, así que miré para hacer las pruebas del Estudiantes, pero el padre de un compañero de clase venía al Real Canoe y me acercó un día para entrenar con las chicas de mi categoría. Salió bien y desde entonces estoy aquí”, explica con claridad la versátil interior madrileña. “Te tratan muy bien desde que llegas. Juan Díniz el primero. Está todo el mundo pendiente. Se centran mucho en todas las jugadoras”, añade.

Uno de los puntos fuertes, para Lucía y para muchas jugadoras, es la familiaridad que se respira en el club. “Quini, el entrenador que me fichó, estuvo todo el primer verano conmigo. Me enseñó lo que es el baloncesto de verdad. Cuando he querido entrenar, he levantado el teléfono y nunca he recibido un no por respuesta. Siento que le debo algo a este club y estaré aquí hasta que me echen”, expresa con la máxima gratitud. Lucía es una jugadora comprometida que quiere poner al Real Canoe en la primera línea.

Pablo Roldán es otra figura clave en su carrera. “Si le pedía venir el día de Navidad a entrenar, venía. Todos los entrenadores de aquí tienen mucha entrega y, por encima de eso, son buenas personas. Es una relación en la que parecen más mis padres que mis entrenadores”, comenta, y no le falta razón, ya que, entre unas cosas y otras, pasa más rato en el Canoe que en su propia casa.

Lucía estudia una de esas carreras que se atragantan desde el momento en el que la pronuncias: Grado en Bioquímica (y más para alguien que proviene del ‘imposible’ grado de periodismo). Con tales estudios, sus días son una misión compleja de malabarismo en la que no puede conceder ningún segundo a la hora de cuadrar sus horarios. “Jugar a estos niveles implica un sacrificio. Por las tardes no puedo irme a tomar una cerveza con mis amigos, pero lo que hago me gusta más”, dice con seguridad.

Eso sí, a pesar de lo difícil que es compaginar un grado con la práctica deportiva en la élite, Lucía siempre tuvo claro el tema de la universidad. “Yo quiero tener mis estudios, ya que del baloncesto femenino no se suele poder vivir. Nunca sabes si mañana te van a pisar un tobillo y se va a terminar tu trayectoria en el baloncesto. También es gratificante tener un título. Siempre he sido una buena estudiante”, comenta con sinceridad, y casi entra envidia al escucharla. Un modelo a seguir para muchos deportistas.

La joven jugadora de la capital española afronta su segunda temporada en Liga Femenina 2, y aunque en el presente curso es una de las más destacadas de su equipo, la primera campaña fue complicada en muchos sentidos. “Cuando pasé a Liga Femenina 2 notaba mucho la diferencia física. Y también de cabeza, ya que tenía que aprender a dejar de ser la jugadora importante. Fue un poco duro ya que, como a cualquier jugador, no me gustaba no jugar, pero mirando hacia atrás me doy cuenta de que era necesario”, explica. “No llevé bien lo de ser suplente, ya que soy súper competitiva, pero el entrenador tuvo mucha paciencia conmigo”, añade sin miedo. Reconocerlo no es fácil, pero ella lo hace sin esfuerzo alguno.

Su temporada se puede resumir en 13’9 puntos y 5’4 rebotes por partido, pero eso sería simplificar demasiado las cosas. Su campaña es mucho más que números, y es que supone una confirmación antes de dar el salto a la Liga DIA, algo que, en su caso, no debería de tardar en pasar. Lucía es una jugadora especial de los pies a la cabeza, una personas que merece la pena conocer y un talento que tendrá su oportunidad de demostrar su nivel ante las mejores jugadoras del continente.

Artículo publicado en Gigantes: 16/01/2019

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