La NBA desde dentro: Chicago Bulls nos abrió sus puertas

Una de las franquicias más conocidas de la NBA nos dejó conocer el ambiente que se respira en su pabellón (United Center) y en sus vestuarios durante un partido de temporada regular.

La mejor liga del mundo es un gran misterio. Desde España, la NBA solo se puede seguir a través de una pantalla, no existe otra forma para enterarnos de lo sucedido, da igual el tipo de formato. Debido a la distancia jugamos con un hándicap, por lo que, la única manera de seguirla con todas las de la ley es estar allí, en los Estados Unidos (o Canadá), al pie del cañón, algo casi imposible en los días que corren para el periodismo y sus bolsillos.

No obstante, siempre surge alguna oportunidad para cruzar el charco, bien sea por el ahorro durante varios meses y una pizca de locura, como lo es en este caso, u otras maneras igual de válidas. Así pues, decidido y con ganas de conocer mejor la liga que me atrapó en el mundo del baloncesto, cogí un avión rumbo a una de las ciudades más emblemáticas de los Estados Unidos, Chicago.

Días de turismo se intercambiaron con otros de baloncesto, y es que la NBA, y más en concreto la franquicia de los Bulls, nos abrieron sus puertas para vivir la experiencia. Cleveland Cavaliers, Dallas Mavericks y Toronto Raptors fueron los rivales de los que pudimos disfrutar en el mítico United Center, situado “cerca” del centro.

Una de las cosas que más llama la atención al encontrarte frente a frente con la NBA es su relación con la prensa. No existe algo parecido en Europa ni se espera. Media hora de vestuarios antes y después de cada partido permiten al periodista charlar con los jugadores y conocer de primera mano sus impresiones. Cara a cara. Sin más elementos que una grabadora para recordar lo comentado. La única forma que conozco para informar con garantías de los jugadores que todos seguimos durante la temporada NBA. La manera más acertada de conocer su forma de ser, sus inquietudes y sus manías antes de cada contienda. Simplemente, lo que un periodista necesita para trabajar con rigor y calidad.

La NBA entiende que es necesario este tipo de acercamiento y relación prensa-jugadores. Solo aparecen algunos pequeños matices cuando se intenta hablar con las grandes estrellas de la liga o de cada franquicia, poco más. Un mundo casi perfecto (y poco habitual) para el periodismo. Esperemos que esta versión se extienda a este lado del charco. Mucho que aprender.

La sala de prensa es otro de los puntos que más llama la atención. Un lugar de reunión previo a los partidos para todos los periodistas presentes en el duelo. Comida, bebida y varios informes del encuentro permiten al periodista prepararse de cara a las dos horas/dos horas y media que tiene por delante. Un punto de unión que permite entablar relación con otros compañeros de profesión e intercambiar impresiones.

Más tarde, ya con el estómago lleno si uno lo desea, las gradas esperan. Según tu status y tu medio encontrarás un asiento más o menos cerca de la pista, pero todos ellos con vistas adecuadas para captar la esencia del partido. El asiento de Gigantes se encontraba situado en la parte alta del United Center, junto al grueso de periodistas presentes en los diferentes partidos.

Desde ese mismo sitio se pueden percibir varios detalles que corroboran la teoría del espectáculo en el deporte norteamericano. No es solo un partido de baloncesto, es mucho más lo que ofrece la NBA. El calor del United Center se puede sentir con cada voz que canta los versos de ‘Living on a prayer’, con cada ‘Richard’ que alienta de manera alocada a su equipo, con cada baile de las animadoras y animadores que aparecen durante los tiempos muertos en la pista. La NBA es otro rollo y se nota en cada pincelada.

Una simple publicidad de Dunkin’ Donuts se convierte en una carrera ficticia de productos que levanta a la grada con un partido sentenciado. Un concurso de dados gigantes y voladores termina por ser un combate a ‘muerte’ entre dos gradas superiores. Lo dicho, otro ‘rollo’.

La NBA ha entendido a la perfección los nuevos tiempos y se ha adaptado. Ha sabido conducir su coche hasta el camino adecuado y no ha impedido a los periodistas seguir cerca suyo para observar e informar de cada cambio. El espectáculo y el baloncesto van de la mano con la NBA, y cada partido no es un simple juego, es una celebración, una fiesta en la que lo primordial es pasar un buen rato solo o acompañado.

Artículo publicado en Gigantes: 21/11/2018

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